Sensores de color

Las aplicaciones en las que hay que comprobar repetidamente los colores de los objetos de forma fiable plantean enormes retos a la tecnología de sensores. En particular, las diferentes propiedades de las superficies dificultan la evaluación fiable del color. ¿Por qué? ¿Qué soluciones existen? Para estar más cerca de responder a estas preguntas, primero tenemos que saber de qué es capaz el ojo humano cuando se trata de reconocer colores.

 

El color es una impresión sensorial provocada por estímulos externos al ojo. El ojo humano dispone de diferentes receptores visuales para el reconocimiento del color: los bastones y los conos.

 

En la penumbra avanzada o en la oscuridad casi total, entran en juego los 120 millones de bastones del ojo, ya que son más sensibles a la luz que los conos. Entonces, el ser humano sólo es capaz de distinguir entre la luz y la oscuridad o entre el blanco y el negro.

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